sábado, 3 de mayo de 2008

Melhor que a desgraça é a morte... As lendas de Ouro Preto


Melhor que a desgraça é a morte...
Melhor que o opaco futuro.
E entre a vida e a morte, apenas
Um salto - da terra do ouro
ao grande céu, puro e obscuro!

Romanceiro da Inconfidência. Cecília Meirelles

Vila Rica não é Florença, pedra-sabão não é mármore e Aleijadinho não foi Michelangelo. Ainda assim, o esplendor e o requinte, as sutilezas e a suntuosidade das dezenas de estátuas, pias batismais, púlpitos, brasões, portais, fontes e crucifixos permitem supor que o Brasil teve um gênio renascentista desgarrado em plena efervescência de Minas colonial, esculpindo e talhando com o espírito, o fulgor e a grandiosidade dos artistas iluminados. O legado do Aleijadinho - eternizado no interior e nas fachadas de meia dúzia de igrejas de Minas Gerais - refulge mais que os minérios que saíram dali para fazer o fausto de nações além-mar. Na prática, foram elas - estátuas, lavabos e esculturas - a herança que restou para recordar o Brasil de seus tempos áureos. A obra monumental do Aleijadinho é um patrimônio superior a qualquer conforto que o ouro possa comprar.
Qual foi a doença que deixou sem dedos ao mestre do barroco de Ouro Preto?... Talvez talento e sensibilidade pertençam à cabeça.

NOTA: O artista, revoltado com o engano no pagamento de um dos seus trabalhos, voltou à igreja, quando a noite caiu... e cortou as asas dos anjos que tinham sido criados por ele mesmo algumas horas antes...
Esse é o artista.

Perdeste as asas, meu anjo?
Se existes em minha vida,
Peço-te,
Não vas.

viernes, 2 de mayo de 2008

De pies y Picassos


"Pies deformes, que pueden contar una historia, semejantes a los mapas con montes, valles, ríos y caminos"... Alguien se puede haber sorprendido por manos, por cuellos, por pies también.
A mí me gustó el nombre de la madre de forma particular. Domenica Torquato me recuerda a leyenda de mujer vigorosa y nariguda, dueña de su casa, de su monedero y de cada uno de sus metros cuadrados.
Y en las paredes del MASP creí ver a Picasso. Y me transporté al Reina Sofía, y al Madrid frío de las mañanas de invierno enmarcadas en Atocha, y a finales del siglo XIX, y a las clases de historia del arte, y a un Guernica de imágenes grotescas de una guerra que sólo ellos conocieron... Pero el pintor español sólo había sido la inspiración de aquellos retratos también llenos de lágrimas duras como piedras.
Alguien con Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso como nombre encierra la autenticidad en sí mismo.
Desde la seguridad de la exclusividad, que vivan las miles de réplicas de los puestos de chinos en la Paulista.

viernes, 25 de abril de 2008

Tempos

“Há um tempo em que é preciso abandonar as roupas usadas que já têm a forma do nosso corpo e esquecer os nossos caminhos que nos levam sempre aos mesmos lugares. É o tempo da travessia… e se não ousarmos fazê-la, teremos ficado, para sempre, à margem de nós mesmos.”
Fernando Pessoa.

martes, 15 de abril de 2008

Sol de domingo


Domingo de sol e sol de domingo. Museo da Língua Portuguesa. Gilberto Freyre.

"Creio que cada um deve ficar o mais possível no lugar onde nasceu. Nada de muita emenda ao soneto da vida: ou do destino, que é o mesmo".

"Tempo morto e outros tempos", anotação de 1926.

sábado, 12 de abril de 2008

En un lugar de La Mancha...

A veces sería bueno ser caballero errante, y si la circunstancia es en el siglo XVII, mejor que mejor (por aquello del romanticismo, básicamente).
Aparecen en mi cabeza recurrentes imágenes alusivas a tan curioso personaje en los últimos tiempos. Esto hay que aprovecharlo, pensé.

Cabría a la sociedad actual una sátira similar, para que los nietos de los nietos de nuestros nietos tuviesen también un contrapunto en Lulas, Aznares, Grandes Hermanos, teléfonos móviles de última tecnología y Bushes de esos que aún sobran por ahí.

Pequeño homenaje.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordar-me, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: [...] los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.